“La Movida” de Heliogábalo ¿Un péplum para Almodóvar?

Muy probablemente el director manchego no tendría problema en convertir a este emperador incestuoso, bisexual, travestido, vicioso, excéntrico y provocador, en el personaje de una de sus películas, pobladas a menudo de individuos pintorescos y siempre un poco “walking on the wild side”.

No sería nada extraño,  porque este pintoresco emperador  ya llamó la atención de los surrealistas como Antonine Artaud, que escribió en su honor una obra de teatro fascinado por lo que él consideraba una actitud anarquista hacia las convenciones tanto políticas como sexuales. Nada más lejos de la realidad y de los estudios históricos. Heliogábalo fue la paradójica respuesta del destino a un siglo marcado por emperadores cada vez más militaristas. Empezando por Septimio Severo, el último que fue capaz de devolver la paz a Roma y sus fronteras  a cambio de convertir el Imperio en un inmenso cuartel. Su hijo Caracalla fue odiado por todos y acabó siendo asesinado por uno de sus oficiales de confianza mientras “aliviaba” el vientre detrás de unas rocas.

Al igual que muchos de los personajes de Almodóvar, el joven Heliogábalo siempre estuvo inmerso en un ambiente dominado por mujeres, como su abuela Julia Maesa, su tía Julia Mamea y su madre Soemias.  Ellas le instruyeron en el culto al sol que se practicaba en el templo de Emesa (en la actual Siria) , donde se adoraba una piedra cónica que cayó en ese lugar procedente del cielo, probablemente algún tipo meteorito como la Piedra Negra que los musulmanes veneran en La Meca desde hace siglos.

 

Convertido en sumo sacerdote de este culto oriental del que tomó su nombre  (el suyo era Vario Avito Bassiano), Heliogábalo fue nombrado emperador por la guarnición de esta ciudad (16 de mayo 218 d.c), cuyos soldados creyeron reconocer en el joven los rasgos de su querido emperador Caracalla. De esta manera Heliogábalo se convirtió en en primer emperador romano de origen oriental.

Tras derrotar a su rival en el trono,  Heliogábalo envió al Senado de Roma una imagen con su efigie para que fuera colocada en lugar de la diosa Victoria y en la que aparecía maquillada como una furcia y vestido a la manera oriental, casi a imagen y semejanza de un monarca de los persas, los enemigos más odiados por los romanos.

Aunque los romanos nunca fueron unos  fanáticos religiosos a la hora de defender sus creencias,  no debieron ver con buenos ojos que su jovenzuelo emperador sustituyera los cultos oficiales por otros importados de Oriente. Heliogábalo hizo traer la piedra cónica de Emesa, construyó un templo en su honor y subordinó todos los demás dioses del panteón romano a este peculiar pedrusco que sacaba periódicamente en procesión por las calles de Roma con la misma pompa que en un desfile triunfal. Tampoco les hizo mucha gracia  a los romanos que se casara con una virgen vestal y la convirtiera en emperatriz o que sentara a su propia madre en el senador unto al resto de los cónsules.

A pesar de que ningún emperador  romano fue nunca un santo varón, no fueron del agrado de los romanos los continuos delirios sexuales del emperador que llegó a autonombrarse emperatriz (antes nombró emperador a uno de sus amantes) y solía aparecer en público vestido y maquillado como una prostituta jactándose de sus hazañas sexuales cual si fuera reencarnación de la infame Mesalina . Considerado como el primer transexual de la Historia, se dice que incluso pensó en realizarse algún tipo de operación quirúrgica que lo transformara definitivamente en una mujer.  Tal era su furor sexual que los altos cargos imperiales eran elegidos de acuerdo al tamaño del pene o de sus facultades sexuales y de esta manera un barrendero, un portero y un jardinero del palatino fueron nombrados prefectos por el nuevo emperador. No hubo burdel en Roma por más sórdido que fuera que no le conociera como asiduo cliente y su fama de rijoso fue tal que siempre se sospechó que mantuvo una relación incestuosa con su madre Soemias, que a menudo le alentaba en todas sus tropelías.

A semejanza de muchas películas de Almodóvar donde la tragedia suele poner punto final  a muchos de los personajes de sus tramas, fue precisamente una conjura de la guardia pretoriana la que puso fin a La Movida de Heliogábalo. El 10 de marzo del 222 d.C unos soldados entraron en el palatino y tras asesinarlo y arrastrar su cadáver mutilado por media ciudad, arrojaron sus despojos al río Tíber donde su cuerpo desapareció para siempre al igual que gran parte de su legado, ya que su persona fue sometida a la damnatio memoriae por el mismo senado al que tanto había querido denigrar.

Nota: La foto de portada pertenece a un  busto atribuido a Heliogábalo. Museo de Valladolid.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s