FAST FOOD Y LEGIONES ROMANAS

¡Verás qué fuerte te pones! Con las barritas energéticas de Quinto Sertorio.

A menudo nos asombra la capacidad de los soldados romanos para cubrir grandes distancias en un tiempo relativamente corto. En ocasiones los sufridos legionarios llegaban a recorrer 40 kilómetros diarios a marchas forzadas para repeler alguna incursión en el limes o reprimir una inesperada rebelión en una distante provincia.

En una época donde no existían las latas de conservas ni las raciones de campaña,  se hace difícil imaginar de qué manera podía soportar un legionario esa tremenda caminata llevando además encima toda su impedimenta reglamentaria,  cuyo peso superaba los 30 kilos.Hoy en día muchos senderistas y aficionados a la montaña llevan consigo unas barritas energéticas -inspiradas en las raciones de supervivencia militares- que les ayudan a paliar el cansancio tras una dura jornada . Dichos complementos energéticos se popularizaron durante la Segunda Guerra Mundial y siguen siendo utilizados por todos los ejércitos del mundo (foto de portada). ¿Llegaron a poseer los legionarios romanos algo parecido?  En las excavaciones realizadas en L’ Almoina de Valencia se descubrieron los esqueletos de varios legionarios romanos masacrados y torturados por las tropas de Pompeyo durante su guerra contra Sertorio (75 a.C). En varios de ellos se detectaron patologías dentales relacionadas con alimentos típicos de la dieta del ejercito romano compuesta de trigo, frutos secos, miel y frutas.

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Esqueleto de legionario.  L’Almoina de Valencia.

Si consultas a cualquier dentista te dirá que dicho cóctel es la combinación perfecta para quedarte sin dentadura muy joven. Ahora bien, si  nos imaginamos a unos legionarios sometidos marchas forzadas durante horas para llegar cuanto antes a una zona de conflicto, resulta difícil pensar que sus mandos decidieran hacer un alto en el camino y detener la marcha de 6.000 hombres para que hicieran un fuego, cocinaran unas gachas…. para luego obligarles a reemprender camino en plena digestión a golpe de bastón. Tal vez sería mucho más práctico y rápido para todos comer por el camino, durante la marcha. Y aquí es donde entran las barritas energéticas de Quinto Sertorio. Tan solo una teoría salida de mi imaginación,  pero perfectamente verosímil. De hecho, la receta está inspirada en un postre real escrito por Marco Gavio Apicio en su famoso libro De re coquinaria (Siglo I). Advierto que se trata de una auténtica bomba dietética.

Ingredientes:

Para nuestra barrita sertoriana necesitaremos alimentos de alto poder energético y fácilmente adquiribles por los furrieles legionarios. Deben ser además ingredientes con un gran valor imperecedero para que puedan conservarse sin problemas en el equipaje personal del soldado. Desgraciadamente los romanos no conocieron el chocolate que fue uno de los alimentos hipercaloricos siempre presentes en estos complementos. Así pues nuestras barritas estarán compuestas de frutos secos como avellanas, nueces, piñones o almendras. Para fusionar estos ingredientes necesitaremos un elemento emulsionante y nada mejor que la miel, uno de los alimentos omnipresentes en la dieta de todos los romanos. Otro alimento básico de su dieta como el trigo, en este caso el salvado  (uno de los residuos de la molienda de este cereal) ayudará a dar consistencia al conjunto.

Tras mezclar los frutos secos (mejor enteros para dar consistencia) , el salvado de trigo y  la miel, el resultado nos recordará a ciertos dulces típicos españoles como las almendras garrapiñadas o el turrón (de nuevo no hay nada nuevo bajo el sol).  He bautizado el mazacote resultante con elnombre de opus caementicium por razones obvias. Después metemos la mezcla en un molde y directamente al horno durante 20 minutos a 180 grados. Algo que sería perfectamente posible para un legionario romano ya que se conoce de la existencia de hornos portátiles para cocer el pan en los campamentos. Sacamos del horno y dejamos secar. Ya solo nos quedará cortar la mezcla en barritas y recubrirlas con salvado de trigo,- el cereal básico en la dieta de las legiones romanas-  para que la barrita no se deshaga en la sudorosa mano del soldado.

Puede que una bomba alimenticia así no sea lo ideal para conservar la línea o que se convierta en la pesadilla del cualquier dietista de nuestro tiempo, pero a buen seguro eso era algo que importaba muy poco a un legionario romano, condenado a recorrer más de 40 kilómetros diarios bajo la implacable vigilancia de un inmisericorde centurión. Según mis cálculos cada barrita de Sertorio  aportaría al soldado unas 380 Kilocalorías, muy cerca de las 340 kcal de algunas barritas actuales.

 

 Foto de portada. Museo Memorial Desembarco Normandía en  Rouen. Francia.

 

 

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